La primera reunión internacional del Presidente de Estados Unidos de América fue realizada con el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, uno de los miembros del T-MEC, perdiéndose la oportunidad haber sido algo más que una sola charla bilateral, si se hubiera contado con la participación de nuestro país, considerando que los miembros del Tratado tienen una de las zonas de mayor flujo económico a nivel mundial y que México es el segundo socio comercial de Estado Unidos.

Por desgracia, no pudo llevarse a cabo una reunión trilateral, porque Joe Biden no tiene (y quizá no tendrá) una buena relación con el actual Gobierno de México; pero vayamos atrás en la historia, para poder comprender lo que implicarán en un futuro las declaraciones de los mandatarios estadounidense y canadiense.

Un inicio complicado

Desde la campaña en Estados Unidos a mediados de 2020, la presidencia de México estuvo en la mira en el momento en que, a modo de apoyo, el presidente realizó una gira de trabajo en su único viaje al extranjero como mandatario a su entonces homólogo Donald Trump. Esto generó un sinfín de críticas por parte del partido demócrata y desató desde ese momento algunas suspicacias de Joe Biden hacia Andres Manuel Lopez Obrador.

Esto ocurrió porque la visita, más que una reunión laboral, fue un acto de apoyo a la presidencia de Donald Trump. Por otro lado, Justin Trudeau no se prestó a dicha situación y por consiguiente manifestó en ese momento su solidaridad hacía Joe Biden.

Por otra parte, después de las elecciones de noviembre pasado, una vez presentados los primeros resultados, donde la ventaja se hacia evidente hacía Joe Biden, el gobierno mexicano no dio el espaldarazo al entonces presidente electo. El gesto diplomático vino hasta días después de la ratificación del Congreso. Muy pocos países actuaron de la misma forma en que lo hizo México, en su mayoría, felicitaron al presidente electo cuando las tendencias eran claras a su favor.

Para colmo, el clima de tensión se hizo mayormente evidente cuando el representante del Ejecutivo mexicano no se presentó a la toma de posesión de su homólogo en enero pasado.

Ahora bien, en días pasado se efectuó una reunión en la que bien se pudo haber estado integrados, haciendo notar que las rencillas habían quedado atrás, sin embargo, esto no sucedió y la reunión del nuevo presidente de Estados Unidos se dio hasta el 1 de marzo, una semana después de la primera reunión con el ministro canadiense.

Implicaciones entre el Gobierno de México y Estados Unidos

Dentro de las Relaciones Internacionales, todo hecho es susceptible a interpretaciones que denotan desagrado o favorecimiento en torno a las acciones realizadas por los actores políticos de cada Estado. El hecho de que la primera reunión del presidente Biden haya sido con Canadá y no con ambos socios en conjunto, puede hacer referencia a que aun existe desagrado, en primera instancia, al apoyo brindado al contrincante Republicano y después, en que el rumbo de la política mexicana no está en sintonía con todo lo relacionado al Tratado comercial.

Durante la época de mayor impacto Comunista a nivel mundial, se vio un cierto desapego de nuestro país hacia nuestros vecinos del norte, pero en aquellos tiempos no existía la sinergia económica que hoy en día tenemos por medio de los Tratados de Libre Comercio.

Hoy en día, el mayor bloque económico a nivel mundial es el que comprenden México, Estados Unidos de América y Canadá, con lo cual, cualquier comunicación que exista entre la tripleta concierne hasta de cierto modo a los tres y el hecho de que uno quede fuera tiene implicaciones importantes.

Debemos tomar en consideración las declaraciones dadas por el presidente Biden y el ministro canadiense, en las cuales hacen menciones como que la relación entre Estados Unidos y Canadá no había estado tan cercana en mucho tiempo como ahora, o que actualmente existe un verdadero liderazgo en la zona y que en tiempos pasados no lo hubo, en clara referencia al desastre que fue la política exterior de Trump.

Las implicaciones que esto tiene dan a entender que, dentro de la zona económica representada, el gobierno mexicano se está rezagando en convertirse en aliado estratégico que la relación comercial requiere y que, a pesar de ser uno de los socios más importantes en la relación del T-MEC, México, con su carencia de liderazgo actual, no tiene cabida en las decisiones que requieran en la zona.

¿Habrá consecuencias que afecten la relación del T-MEC?

Con esto no debemos pensar que pueda terminar el T-MEC o que existan presiones comerciales entre los tres países, pero sí podemos considerar (como en algún momento hizo Donald Trump con Enrique Peña Nieto) que se presenten sanciones arancelarias para ejercer presión, de modo que el gobierno mexicano reconsidere su postura para algunas situaciones que se puedan presentar en el área.

Y justo con esto, en la reunión del 1 de marzo de Biden con el ejecutivo mexicano refrendó que aún carece de empatía para las cuestiones de la zona y que la epidemia ha sacado a relucir esta falta de coordinación, ya que no considera la problemática en igualdad para los tres países, sino que nuestro gobierno sólo ve de que forma poder hacer asequibles ciertos bienes, como las vacunas sin que se dé algo a cambio, si acaso, tibiamente, el tema del control de la migración en Centroamérica. 

Hace falta un cambio de rumbo en la política exterior de México

Podemos concluir que la relación Estados Unidos – Canadá se está fortaleciendo con los llamados de ambos presidentes a la acción y a la mejora de la zona, sin embargo, si el liderazgo mexicano no entra en la misma sintonía, habrá alejamiento de las partes hacia con nuestro país, puesto que este no estará a la atura de las expectativas para crear conjunción con el resto del área comercial.

Esto a su vez, generará llamados de los gobiernos del norte a que los ciudadanos de ambos países limiten o reduzcan el contacto hacia nuestro país.

Como hemos visto, la poca o nula actividad por parte del ejecutivo para velar por los intereses del país en el exterior tiene prácticamente congelada la relación con su homólogo del norte. Más allá de las formalidades, es clara la preferencia del gobierno mexicano con algunos países del sur de América, como Bolivia o Argentina, cosa que nos parece muy bien; sin embargo, dejar de lado la estrecha comunicación que debe existir con sus socios comerciales más importantes, sí que tendrá consecuencias que el propio gobierno tendrá que resolver.

LRI Iván Santoyo, Encargado de Comercio Exterior de Lofton

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