Ghidorah: el monstruo que acecha la toma de decisiones- Consultoría en talento

Ghidorah es un dragón de tres cabezas que, según la ciencia ficción japonesa, surgió de las entrañas de un meteorito con el único fin de sembrar caos y destrucción en el mundo; para fortuna de la humanidad, Ghidorah fue derrotado por el mismísimo Godzilla. Sin embargo, puedo asegurar que Ghidorah nos acecha todos los días, poniendo en riesgo el delicado equilibrio de nuestras organizaciones y equipos de trabajo. Te diré por qué.

Seguramente has escuchado que dos cabezas piensan mejor que una. Esta frase, automáticamente, nos remite a las ideas de trabajo colaborativo, lluvia de ideas o trabajo grupal magistralmente ejecutado, casi por arte de magia; es así porque hemos sido educados desde pequeños para dar por hecho los beneficios de la cooperación y del trabajo en equipo, aunque rara vez nos detengamos a pensar y menos cuestionar si esto tiene que ser así.

Pensar de esta manera conlleva un riesgo inherente ligado con un fenómeno psicosocial conocido como Pensamiento grupal o Groupthinking -término acuñado en 1972 por el psicólogo Irving Janis-, que consiste en el proceso mediante el cual un grupo toma decisiones malas o irracionales, cuando el criterio bajo el que los individuos emiten sus puntos de vista se ve influenciado por un supuesto y vago “consenso” del grupo; esto desencadena una decisión que, en realidad, va en contra de lo que cada miembro del equipo considera adecuado o correcto para resolver una cuestión.

Consultoría en talento

Por ejemplo: El Alta Dirección de una organización integró un comité de nivel gerencial para coordinar la participación de la empresa en un Foro Industrial que tendría lugar en un par de meses. Los directivos consideraron que el grupo de gerentes tenía la capacidad para aportar las ideas que garantizaran una participación exitosa. El comité gerencial puso manos a la obra: presentaron ideas, descartaron otras y llegaron a un consenso de lo que harían. Al final, la participación en el Foro Industrial resultó un fracaso. 

¿Quién fue el responsable? Pues resulta que nadie asumió la responsabilidad. Todos los gerentes argumentaron que tenían mejores ideas que las que llevaron a cabo, pero que la participación en el foro fracasó porque el comité gerencial se decidió por una solución cómoda, presionados por la premura de la situación e influidos por la línea que les marcó el Alta Dirección.  Este tipo de respuestas indica que, aunque en el momento de tomar decisiones todos estuvieron de acuerdo, en el fondo nadie estaba totalmente convencido.

¡Alerta! Cuando todos pensamos igual, probablemente no estamos pensando demasiado.

Ghidora y su poder destructivo se manifiesta en nuestros equipos de múltiples cabezas, cuando las decisiones grupales se ven influenciadas por situaciones tan diversas como las preferencias del jefe, la inexperiencia del equipo, la falta de liderazgo, favoritismos, intereses personales o ideas preconcebidas. Las decisiones se toman bajo el escudo protector de que, al ser decisiones del equipo, o de un superior, nadie tendrá que asumir la responsabilidad sobre el éxito o fracaso; esto desencadena situaciones que pueden llegar a ser catastróficas dado que los elementos considerados no eran correctos o no fueron analizados por las personas correctas, o no se tomaron en cuenta diversos puntos de vista.

Evitar que la naturaleza destructiva de Ghidorah afecte el funcionamiento organizacional es sencillo, siempre y cuando contemos con estrategias que permitan reducir en gran medida la presencia del fenómeno del Pensamiento grupal. Una técnica consiste en asumir un rol de liderazgo específico cada vez que participemos en una toma de decisiones grupal; por ejemplo, uno será el abogado del diablo, otro deberá defender una postura a capa y espada, otro deberá buscar alternativas diferentes y así con cada uno de los participantes, con el objetivo de buscar opciones desde diferentes puntos de vista, para no dejarse llevar por el consenso, o por ideas o generalidades vagas como el llamado “sentido común”.

La regla principal es que cada miembro del grupo debe ofrecer opiniones objetivas con base en argumentos, y pedir la intervención de las personas que, por sus conocimientos o experiencia, tendrían un peso específico importante en la toma de decisiones.

Nuestro liderazgo responsable será la medida del éxito de nuestros equipos.

La configuración de equipos es una herramienta elemental en la dinámica actual, y su máxima eficacia se obtendrá cuando los roles estén bien definidos y cada uno de nosotros asumamos ese papel responsablemente; pensemos menos en los roles de jerarquía y fomentemos las capacidades individuales de cada miembro. 

En Lofton creemos que una de las claves de nuestro éxito organizacional se debe precisamente a que utilizamos estrategias efectivas de consultoría en talento que nos ayudan a configurar equipos de trabajo altamente especializados, diversos, donde todos aportan sus conocimientos y puntos de vista, y donde cada opinión cuenta. De este modo podemos reconocer con facilidad dónde existen fallas y corregirlas oportunamente. Si quieres conocer más sobre éstas y otras estrategias que te permitan optimizar cualquiera de los procesos de tu organización, estamos para servirte. 

C.P. Arístides Ramírez

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