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4 virtudes de líder que desmotivan a los empleados


4 virtudes de líder que desmotivan a los empleados

En el mundo del couching existen demasiados discursos sobre cómo el esfuerzo y la constancia producen resultados inmediatos, mientras que la mesura, la diversión y el aprendizaje solo detienen el desarrollo y tienen un velo de mediocridad que aún no se termina de quitar. Sin embargo, y por curioso que sea, cada vez son más los empleados que empiezan a dudar de la veracidad de estas fórmulas para vender conferencias. 

Demasiadas listas, demasiados artículos y demasiados libros se venden en el mundo como la guía definitiva para alcanzar tus sueños, bajar de peso o dejar el cigarro. Demasiadas fórmulas efectivas que no funcionan y, a la larga y sin notarlo, te desmotivan. No caigas en las trampas de los falsos profetas, aquí te decimos 5 virtudes que parecen buenas pero pueden estar desmotivándote a ti y a tus empleados. 

 

  • Soñador. No terminar nada.

 

Tal vez fue difícil, pero un día tomaste la decisión y comenzaste tu propio negocio. Tal vez lo planeaste o tal vez no, pero de un momento a otro comenzaste un proyecto al que decidiste dedicarte de tiempo completo. Al poco tiempo, al ver que los resultados no eran como esperabas, decidiste probar tu plan b, probablemente al tiempo que seguías nutriendo el plan A, el cual no terminó de despegar del todo, por lo que abriste la oportunidad de un plan C. ¿Por qué? Porque siempre es más excitante empezar algo que terminarlo. Tal vez aún pienses que un plan b es una buena idea, y seguro que lo es, pero antes de embarcarte en un nuevo plan, asegúrate que no estás huyendo.  

 

  • Ambición. Metas demasiado altas.

 

Hay un secreto que por ser demasiado absurdo nadie lo toma en cuenta. Ni lo hará nunca porque la cultura del éxito lo mide todo en números y en porcentaje, pero este secreto no se probó en empresas ni organizaciones, sino en gente que quería bajar de peso. Y como sabes, bajar de peso no es fácil ni rápido. Nadie baja 3 kilos en dos semanas sin que eso afecte y, casi siempre, el resultado sea un rebote. Lo mismo pasa con las metas cuando son demasiado altas: se vuelven imposibles y generalmente contradictorias. Un estudio, realizado con 40 pacientes que buscaban llevar una vida saludable, comparó a dos grupos, ambos con la meta de bajar 5 kilos en dos meses. Con el primer grupo se dio seguimiento de su proceso, pero cuando la fecha límite se acercaba, y conforme veían más imposible lograr su meta, se rindieron. Con el segundo grupo se dio seguimiento, pero cuando las metas comenzaron a parecer imposibles, los médicos las redujeron. Este grupo no solo alcanzó la meta, sino que vio incrementada su motivación y prolongaron su estancia en el programa, mientras que los primeros declinaron. Al final, lo importante no era bajar de peso en determinado tiempo, y en el momento en que el tiempo fue un factor de desmotivación se convirtió en un factor tóxico. Es importante valorar si las metas que no cumples te están ayudando o afectando. Al final el éxito es una cuestión de trabajo diario, y es más valioso mantenerse motivado por más tiempo. 

 

  •  Autoexigencia, o falta de equilibrio

 

Cuando te conviertes en la cabeza de un proyecto, sin importar qué tan grande o pequeño sea tu equipo, te vuelves un ejemplo que cómo deben realizarse las cosas. Y cuando esto pasa tu cabeza comienza a llenarse de ideas sobre lo que reflejas ante tus subordinados. Es entonces cuando buscas ser el que más trabaje o el que mejor lo haga, incluso el que menos se equivoca. Pero la realidad nunca es así, y en el afán de poner el ejemplo del trabajador ideal, puedes estar ahuyentando a tu gente por buscar un mejor puesto. La autoexigencia en el trabajo nunca es mala, pero debe de estar respaldada por una vida saludable, tiempo de esparcimiento y felicidad para que valga la pena. ¿Recuerdas la película En busca de la felicidad? ¿Recuerdas la escena final? No, no es cuando le dicen a Will Smith que consiguió el trabajo que le asegurará estabilidad económica (o más bien una holgada vida como corredor de bolsa), la escena del final feliz es cuando corre a la guardería donde está su hijo y lo abraza. Eso es por lo que trabajamos todos, ¿no?

 

  •  Perfeccionismo. ¿Qué pasa el día después de cometer un error?

 

Dejé este punto al final porque es el más complicado de abordar, y es que nadie, o casi nadie, puede resistir a la idea de que ser perfeccionista es una cualidad. Es decir, ¿por qué estaría mal tratar de ser mejor, de hacer las cosas bien, de no fallar? Sin embargo, piensa en todos los proyectos que has dejado a la deriva. Aprender otro idioma, hacer ejercicio, bajar de peso. Cosas que probablemente has comenzado más de una vez  pero nunca terminaste. ¿Recuerdas cuándo abandonaste aquel proyecto? Fue el día después de cometer un error. Ése es el día más importante para cualquier proyecto, porque la gente puede perfectamente ir al gimnasio dos días, tal vez una semana, hasta que un día, por cualquier razón totalmente justificable, tuvo que faltar. Hasta aquí todo es normal. El reto es que al siguiente día, cuando tu plan ya no es perfecto, tu mente te dirá que ya no vale la pena, precisamente porque dejó de ser el plan perfecto que viste en tu mente. Y entonces lo abandonas. ¿Cuál es la lección entonces? ¿justificar la falta de constancia? Más o menos. En realidad es aprender de los errores, no buscar ser perfecto en todo sino ser constante. 

Recuerda que en Lofton contamos con especialistas en capacitación y Consultoría en Talento Organizacional. Nuestros expertos pueden ayudarte a lograr objetivos reales para ti y tu empresa u organización, en función a tus necesidades, y no a fórmulas mágicas.

Con información del libro Termínalo, de Jon Acuff.

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